miércoles, 16 de mayo de 2012

Boss, entre el mal necesario y el conveniente



"Un mal necesario lleva a otro hasta que un día no puedes distinguir entre uno necesario y otro que es simplemente conveniente."


Más que ver la punta del iceberg, ver Boss es como cavar un pozo, se pasa de la superficie hasta una trama que oscurece con cada capítulo. La serie inicia con una premisa: Tom Kane, alcalde de Chicago, padece una enfermedad neurológica entre el parkinson y el alzheimer que tarde o temprano terminará matándolo cerebralmente, no sin antes llevarlo por la locura y la agresividad. En ese sentido, el protagonista de Boss entra dentro de la lista de protagonistas desagradables, o anti-empáticos que han aparecido con mayor frecuencia en la televisión norteamericana desde Dr. House, pasando por Lie to Me, Eric Northman de True Blood, o el protagonista de Breaking Bad en sus últimas apariciones. De hecho, es tan limitado el alcance de la información inicial que tiene el espectador, que incluso los vínculos entre algunos personajes son ocultos hasta el cuarto capítulo; estos se mueven en direcciones cuya finalidad solo podemos suponer hasta que se concreta un objetivo determinado o no.

En cuanto a lo temático, Boss retrata a la plutocracia en la que se ha convertido la democracia norteamericana, una mezcla entre política y negocios más que alevosa (recordemos lo blanqueado que está el asunto del lobby y la financiación de las campañas políticas por parte de empresas en EEUU, a diferencia de por ejemplo Argentina, donde suceda o no, no deja de estar mal visto); sumándole además el historial criminal que caracteriza a la ciudad de Chicago a través de sus tiempos. Si bien no hay muchas referencias en el plano ideológico, Boss retrata a la perfección el tema de la destreza política interna, donde cada sutil palabra, gesto y omisión significan una intencionalidad, ya sea cambiar la agenda mediática como neutralizar tal o cual adversario; algo muy valioso a la hora de hacer un drama político que, por ejemplo, películas como "The Iron Lady" o "The King's Speech" carecieron muy torpemente más una búsqueda algo humano y sentimental. La oscuridad de Boss reside en la naturaleza del mal: Ya no es el mal racional, medido, aquel capaz de ceder y negociar a cambio de mantener un equilibrio, es el mal egoísta, impredecible y por ende infinito que caracteriza durante los ocho capítulos de la primera temporada a Tom Kane a partir de su enfermedad.

En cuanto a la dirección (¿O debería decirse direcciones tratándose de una serie?), Boss mantiene una continuidad de la cámara en mano en movimiento, una "desprolijidad" medida en cuanto al foco y los planos en función de la elocuencia del plano y su montaje interno, y un ritmo que logra sostener la tensión durante las escenas.

Personalmente, es una de esas series de las cuales uno no quiere parar de hablar y recomendarla a sus conocidos, además de sorprenderse al ver a Kelsey Grammer pasar de su interpretación de Fraser durante 20 años en dos series distintas, a una producción totalmente diferente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario