viernes, 8 de marzo de 2013

Mi semana sin internet

Walter Murch es un montajista Norteamericano, conocido por su trabajo en Apocalypsis Now y Hemingway & Gellhorn, entre otras peliculas. Es autor también de varios textos sobre el cine, el montaje, las películas en 3d y otros temas. En uno de estos textos, el libro “En un abrir y cerrar de ojos” Murch crea un paralelo entre los cortes cinematográficos, el momento en que un plano termina y comienza el siguiente, con el acto de “parpadear”.  La idea es que cuando parpadeamos no solo por una cuestión meramente fisiológica, lo hacemos también para realizar un “corte” en la información que estamos recibiendo, una pausa en la atención para retener lo que ya comprendimos y prepararnos para lo que sigue. Del mismo modo un buen corte cinematográfico detiene la información que esta entregando un plano, porque el plano ya no tiene nada nuevo por agregar, por ejemplo, y nos pasa al plano siguiente, donde vamos a recibir nuevos datos.

Con esta introducción cinematográfica, lo primero que extrañe de mi semana sin internet fueron los “cortes” en la atención que significa hacer clic en un link nuevo. Lo que para el cerebro es parpadear y para el cine es cambiar de plano, para internet es saltar de pestaña en pestaña. Un quiebre en la atención que nunca se interrumpe, y marca pausas frente a cualquier trabajo que trato de hacer. Construir esto mismo que estas leyendo ahora en una computadora con acceso a internet puede tardar tres veces más que usando una maquina sin acceso a la red, solo porque buscar un dato lleva a una cadena de links que obliga a recortar la atención en muchos fragmentos.

Lo segundo que note es el miedo al olvido. Las noticias se suceden en la vida de las personas y yo iba a quedar al margen de todo eso. No solo no iba a saber si alguien estaba hablando de mí –o mas grave aun, no iba a saber si alguien quería hablar conmigo- no iba a poder salir en la defensa de mi yo virtual si algo ocurría, un costado de la vida quedaba al descubierto.  De toda esa paranoia quizás lo peor es volver a conectarse, revisar los mails y chequear las diferentes actualizaciones para notar que nada paso.  El costado triste del olvido, es notar que este existe pero no de la manera que nosotros imaginábamos, para seguir avanzando el mundo no nos necesitaba a nosotros, los acontecimientos corrieron por su cuenta sin necesitar de nuestra constante atención. Los mails de spam al menos si continuaron llegando.

Lo tercero es la cantidad de energía gastada en discutir en foros, secciones de comentarios, etc. a lo largo de internet. Es un gasto de tiempo increíble en algo que poco aporta, la mayoría de las veces las discusiones se continúan sin ninguna esperanza más allá de retener la última palabra. No se espera ganar estas discusiones –es imposible- ni cambiar la forma de pensar del interlocutor –mas difícil que lo anterior- solo apenas, con suerte,  buscar un mínimo estado de superioridad que al cerrar la ventana del explorador se desvanece.

Lo que no extrañe son los mensajes crípticos en las redes sociales, esos mensajes “de carácter personal” que ahora cuentan públicamente una noticia a medias, solo para jugar con los infinitos lectores. Todo mensaje es una señal que enviamos, son luces de bengala en nuestro desierto personal; multiplicadas en la noche de internet las señales son tantas que el cielo se incendia. Alguien que conocemos escribe simplemente “hoy me paso algo increíble, estoy feliz”, sin mas datos, ¿se refiere a mi o a otro? ¿Yo soy lo increíble o un nuevo gusto de helado? ¿Esta feliz por algo que yo dije, o porque encontró una moneda de un peso en la calle? Un nuevo pasaje a la locura.

Pero si estuve expuesto a algo en esta semana de noticias a través de la radio y la televisión fue a los monólogos de espíritu moralizante y pretensiones prosaicas. Varios periodistas hicieron carrera de impostar una voz profunda que le diera una patina de corrección política a sus imbecilidades, y sin dudas le están sacando provecho. Quizás el truco este en tocar la nota justa con las cuerdas vocales, quizás en encontrar la vibración armónica indicada que al impactar contra los oídos transforme la estupidez en algo aparentemente interesante. Quedan para el futuro los análisis científicos de esas cintas radiofónicas para sacarle provecho personal al fenómeno.
 
Las ultimas palabras de la victima de la fatalidad perdieron sentido poético, ahora llegan pronunciadas desde antes de poder adivinar que ese era su final: “hoy comí canelones con salsa, estuvieron ricos” “estoy muy feliz”. Toda victima esta atada a Twitter. Cada escándalo tiene su Facebook para investigar, su red social para escarbar nuevos detalles escabrosos. Esto, y la necesidad de aumentar el volumen de información en fragmentos cada vez un poco más pre digeridos, es de lo poco que agregaron a sus modos los viejos grandes medios de comunicación de su constante convivir con internet.

Internet sin dudas es para nosotros como ese mundo de señales y marcas que se encuentran los perros al salir a la calle. O por lo menos esperamos volver cada día a la red con esas mismas ganas.

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