martes, 19 de marzo de 2013

Maiz inflado


Ya no recuerdo como es pasar un invierno sin barba. y eso que van, como mucho, tres inviernos asi. Pero no recordar tambien es un recuerdo y es que estoy mas nostálgico que de costumbre, por suerte este es un blog de cine y no de amores. Por eso es que tengo mas cosas para recordar, claro. El problema de la nostalgia es que construye malas comparaciones, puede parecernos que todo tiempo pasado fue mejor. Y no siempre es así. Para peor, poco tiempo alcanza para desdibujar los detalles.

Recuerdo igual, haciendo un esfuerzo no tan grande, cuando iba al cine durante las vacaciones de invierno. Que justo estemos en vacaciones de invierno ayuda a recordar. Siempre en cines de barrio que hoy ya no están, y que fuerzan siempre el ejercicio de, como ya decía antes, la nostalgia. Muchas cosas salen de estos contrastes entre el pasado y el presente, es casi como un juego para buscar las diferencias. Recorto ese contraste, abandono las introducciones y salto al detalle que me trae a esto: el pochocho.

No es que en la década de los ’90, antes de las grandes cadenas de cines y los shoppings, el pocholo no existiera. Es maíz tostado, casi siempre con azúcar. Más simple que eso imposible. No había, eso si, casi siempre, en el cine lugares dedicados a marketinear comida al lado de la sala. Había si un kioskito en la puerta, quizás un señor vendiendo maní con chocolate adentro. Por ahí también habia alguna bolsa de esto que me lleva a escribir, el pochocho, pero no tan grande como un balde ¿a quien se le iba a ocurrir comprar mas comida que la necesaria para pasar 70 minutos de película? Vas al cine, no a una excursión por Alaska, vas a mirar una película. No habia esos lugares, o no era tan necesario, pero es algo que nos llega directamente desde lugares mas cool Europa y por que no, para que mentirnos, EEUU, como no imitar a los adolescentes de las series. 

Y así, de una globalización para otra, se volvió común comprar pochochos en balde. Esta bien, por ahí el boludo soy yo y hay otros tamaños para comprar. Pero esa variedad oculta otras cosas, sin variedad se nos termina la vida o al menos una parte de la vida, pero en el imaginario el balde de pochocho ya no baja de gigante. Menos es de miserable, es pasar hambre. Y es que hasta la mascota del cine es una bolsa de pochocho ¿Cómo traicionar a la mascota?

Parece haber de todas maneras una frase común a todos al momento de pararnos frente al sector de comidas -¿así se le dice?- en el cine. Y es que si, yo también me pare ahí adelante alguna vez, la novedad, comprarle algún chocolate a alguien para dar una sorpresa, que se yo, por ahí la película era tan mala que solo fue creada para que pueda ser vista comiendo. Y voy a segur pasando, claro. La frase común es que ahí todo esta muy caro. Y si, sabemos que mas allá de todo, de explicaciones económicas y que se yo, hay precios que están recontra inflados solo por que si no fueran tan caros, no serian tan buenos. Ese libro que de Europa llego rematado como saldo acá es una súper oferta novedad a precio de oro. Esa zapatilla vale mas porque la uso tu ídolo, alguna vez, vaya a saber si le pagaron para usarla o si realmente la recomienda. Y bueno, el pochocho, simple como maíz caliente, a veces con azúcar, también esta recontra por las nubes. Realmente inflado, la necesidad de comer un balde de pochoclo durante la película no era algo que se iba a vender barato. Pertenecer cuesta sus monedas, sino todos estaríamos adentro y ya no tendría gracia.

Y es casi tan importante hoy todo esto para la experiencia cinematográfica que es mas importante controlar que consumas alimentos dentro del cine que saber si pagaste la entrada para la película. Por suerte las personas estamos por debajo de eso, de toda ideología. Es verdad, la frase suena mal, quedaría mejor si dijera que estamos por arriba pero estar por abajo al menos activa la imaginación para ver de qué forma podes ponerte arriba. Pero decía, estamos por abajo, y cuando alguien no compra un balde de pochochos para aprovechar a darse unos besos con alguien durante la función –la pucha, otra vez la nostalgia- esquiva los duros controles para pasar en la mochila algún maní con chocolate o quien te dice, alguna cerveza. Porque si, también en el coso de comidas del cine venden cerveza, pero ese derecho también te va a costar bastante.

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