martes, 19 de marzo de 2013

Lugares comunes y mirar peliculas en cuotas


Hay películas que solamente se pueden ver en cuotas, no queda otra que mirarlas en dos o tres veces. Algunas veces pasa porque obligaciones de la vida nos demandan interrumpirlas, otras veces porque lo que estamos viendo nos defrauda, la atención se dispersa y hay que esperar un rato antes de poder volver a darle una oportunidad a la película que dejamos en pausa.

Me ocrurrio esto de mirar en plazos con Carancho, película de Pablo Trapero del año 2010. Por distintas cosas, tuve que ver la película en tres cuotas, una por obligación y otras dos por desencanto. La primera de esas cuotas costo, las otras dos ya no tanto. En la calle, despues de la primera cuota, me cruzo con un amigo y le cuento esto, donde se da el siguiente dialogo:

-Yo: había quedado picando un crimen que parecía involucrar policías, médicos y estafadores que prometía una buena investigación, quede con ganas de seguir mirando. Cuando retome todo eso ya se había solucionado sin dar ninguna explicacion, y la película retoma llena de cosas sin mucho sentido.
-Amigo: Y claro, es una película argentina.

Las películas argentinas parecen tener la ventaja de que, cuando apestan, podemos justificarlas diciendo “y claro, es una película argentina”. Por ser nacionales encierran un cúmulo de boludeces que puede ser medido, pesado; algo que las transforma en una categoría en si mismas, sin importar el genero de la película. Una explicación secreta que solo sirve para ellas.

No estoy muy seguro sobre como se llego a este lugar común. Por lo general se divide el cine en dos grandes grupos, por un lado el “pochoclero”, si divierte es malo no vayan al cine vayan a laburar, y por otro el de “cine de autor”, más artístico e importante en el imaginario intelectualoide cinematografico argentino que necesita desfilar en festivales para existir. Se creo la falsa sensación de que es imposible generar una obra personal desde películas entretenidas y la balanza se volcó directamente a un cine que no llega a conectarse con el común de las personas. No quiero decir con esto que hay un cine de mayor categoría que no puede filtrarse a un publico que solo busca entretenerse, quiero decir que la industria argentina dejo pasar de largo en algun momento la oportunidad de fusionar la calidad en el espectáculo con la búsqueda de un lenguaje para volcar sus esfuerzos directamente en otro lado: el cine para los amigos o el viaje de ego. Y eso dejo una marca en forma de lugar comun.

¿En que me apoyo pare decir esto? Absolutamente en nada. Pero el lugar común esta, tanto que tener a Ricardo Darin como primer actor parece ser la única forma de decirle al publico que mas o menos va a estar garantizado el valor de su entrada. Cualquier otro actor puede significar ver a alguien fumando junto a la ventana durante 45 minutos o un robo de subsidios organizado por el Instituto de cine.

La película de Trapero tiene buenas ideas, muy buenas ideas. En solitario, esas ideas son geniales; en conjunto no tanto. La historia se encarga de abandonar esas ideas a los minutos de presentarlas, sin preocuparse en retomarlas nunca. Pero en este caso, hay algo que la salva; la película es al menos un espectáculo cinematográfico. Últimamente no pido mucho más que eso. Entonces Carancho no por intentar alejarse del lugar común es que se aleja del plomo artístico argentino; se nota que tiene ese "factor x" con pretensiones de ser un producto no solo visto por los amigos. Tiene planos largos, pero los justifica cuando da paso a la acción. Tiene puntos muertos con gente mirándose pero también tiene algo del ritmo del policial. Aunque me defraudara por esas ideas abandonadas -la culpa, el crimen- el conjunto es al menos un intento por meterle a la pesada idea que dice que todo tiene que ser una nota de prestigio y búsqueda autoral algunas cosas más en la ensalada.

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