lunes, 18 de febrero de 2013

Todos esos millones, como si fueran míos

Nuestra historia favorita, nuestros personajes predilectos, todos tienen un guía que los lleva adelante, que los saca a buen puerto. Un defensor que los encamina de esa manera que nos gusta, que nos muestra todo como nosotros queremos verlo, que defiende la pelicula de los parásitos que son los productores y sus empresas capitalistas. Estas personas, que están ahí más por ser chivos expiatorios de varios frentes que por logros individuales que salten a simple vista, son los directores.  El director técnico cinematográfico, porque la lógica es exactamente igual que en el fútbol. Sus logros son inmediatos o hay que pedir que le corten la cabeza; la plata que le entrega  un grupo de inversores la vivimos, la defendemos como si fuera nuestra propia inversión.

Se mezclan entonces varios sentimientos, porque el que maneja el equipo de nuestros sueños: ese superhéroe, ese romance, ese monstruo tiene el peso de mucho dinero a sus espaldas. Un mal paso con tanto dinero encima y se termina la carrera… ¿Dónde esta el director de Robocop 3? Y entonces el publico se pone nervioso, porque lo que nosotros espectadores buscamos es un viaje que nada tiene que ver con esos millones invertidos. Pero si no se completa la bolsa, si no se gana más y mas ese carnero que es más o menos responsable de todo va a ser sacrificado. Chau, adiós, ahora es tiempo de alguien mas. Lo que pudiste mostrarnos ya no se vera. La sensación ultima es que los que subimos y bajamos los pulgares para decidir somos nosotros y no los dueños del circo.

Para no variar, cambio de tema pero aun manteniendo la idea de los millones. Los millones invertidos en una película generan un contrato con el espectador, un pacto. Esta película costo una cantidad obscena de dinero, si, pero los efectos van a ser alucinantes, las actuaciones van a superar todo lo visto. El dinero es el sello primero del control de calidad, otro de los grandes legitimadores. Si tiene tanto efectivo encima irremediablemente la calidad esta garantizada. Durante la película este contrato se destroza, pero se renueva con cada nueva obra lanzada a las pantallas. 

Un primer detalle hace sonar la alarma de que el dinero quizás no lo hace todo. La duración de la película. Cuando a duras penas llega a los 80 minutos con créditos incluidos algo sucedió. Quizás no tiene nada que ver, lo bueno viene en frasco chico, pero no dejo de pensar que algo raro paso durante la escritura del guión que no dejo las cosas un poco mas acomodadas. O más tonto aun, que la película de 100 minutos, por poner una comparación, tiene algo más para decir. Me vi finalmente The Collection, película del 2012 dirigida por Marcus Dunstan   y se segunda parte de otro film, The Collector, del mismo director.

La primera de la saga me gusto, esta segunda parte no tanto. Incluso haciendo el esfuerzo de verla sin expectativas poco me quedo cuando corrieron los créditos, y el esfuerzo que hacen por rellenar un guión que se siente apurado no ayuda en nada. Sin dudas ayuda el protagonista, el mismo en las dos películas, su construcción es tan efectiva como hace mucho no se veía en una película de terror de este estilo. Y que siguen apareciendo actores de la genial serie The Wire, aunque ahora sin tanta suerte para sus papeles. ¿Quedo corta? Ese contrato del que hablaba antes entre los millones gastados como gancho para asegurarle al público el control de calidad no funciona del todo. Pero bueno, es solo dinero.


Y ya que estamos, como bonus track, los posters de las dos películas. Algunos cuestionaran si era necesario usar la misma exacta imagen para los dos, pero hay que defender el reciclaje.


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