domingo, 16 de diciembre de 2012

El show del porno


Hace un tiempo escribí sobre la película Garganta Profunda. Esa película, pionera en muchos aspectos, tiene varias escenas que podían pasar por performance artística en algún museo o evento artistico: mujeres afeitándose el pubis, personas tomando gaseosas de órganos sexuales femeninos. Algo de esto sin dudas se podía filtrar por otro lado. Y entonces, como siempre, la casualidad. La esposa del director de GP se encargo de llevar la experiencia fuera de la pantalla.


La obra a la que me refiero es Post Porn Modern Show y la artista que realiza esta performance es Ellen F.Steinberg.  O Annie Sprinkle, por su nombre artístico, porque ella fue una actriz de películas para adultos. La performance que realizo, una entre varias, consistió en  relatarle al publico su carrera en la industria del porno,  permitir que los asistentes al evento puedan observar dentro de su vagina a través de un especulo, un artefacto medico usado a los efectos de revisar el cuello uterino y el cervix. También invita al público a que le tome fotos, puede fingir orgamos para hacer la toma más interesante. Toma también una ducha vaginal antes del momento central de la performance,  y cuenta cosas sobre su vida sexual dentro y fuera de la pantalla grande, pero sin intentar dar un relato opresivo o moralizante.

Todo esto agrega al público. El porno, por lo general, espera a un espectador solitario. Un espectador que ve los cuerpos, pero no tiene que enfrentarse a las personas. Los individuos, las personas que reconoce en la película con nombres propios, tienen un nombre por ser la marca registrada de su cuerpo, un cuerpo con características y habilidades particulares que lo destacan por sobre el resto: el star system de las películas para adultos. Aunque el recuento de estos detalles que los caracterizan pueda ser divertido, no voy a ponerme a revisar esas particularidades. Solo alcanza con saber que más allá de esos detalles, los cuerpos no están diferenciados, no tienen nombres propios o mejor dicho, no interesa que los tengan.

Convivimos cotidianamente con una imagen del cuerpo que nos entregan los medios. El individuo, el sujeto, cada uno con un cuerpo particular enfrentado a una imagen homogeneizada. Hay una cierta coherencia en la imagen que vemos: nadie querría gastar mucho en un cirujano plástico si pensase que el ideal de belleza puede cambiar sin aviso de un momento a otro. Esta imagen hoy se ofrece de esta forma, pero, como una imagen cultural, siempre estuvo ahí. La imagen como una forma de reflejar la construcción social de la época.

El cuerpo de Annie Sprinkle es parte de esta experiencia artística. Como objeto, porque dentro de su propuesta la visión que le ofrece al espectador no solo es biológica, también es histórica; no es solo el cuerpo femenino, es también su trayectoria como estrella porno. La historia de su cuerpo como herramienta de trabajo. Y es un cuerpo material, no es el cuerpo sin peso ni volumen de la chica en el televisor, es un cuerpo trasgresor que se ofrece a la mirada. Es imposible con esto la separación del cuerpo como individuo de su otra versión, la de cuerpo como producto.  Y es el público finalmente también el autor de la obra, no solo la artista. Porque el que participa tiene que dar la opción de dar un paso al frente, colocarse frente a ella y mirar.



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